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Categoría: Botas mochila y bastón
Ruta CHAMONIX-MONTBLANC
Autor: Juan Carlos Cambero

En esta ocasión nos apretamos bien los cordones de las botas porque voy con una ruta especial: Chamonix-MontBlanc.

Cuando oyes la palabra MontBlanc (4810 metros) te viene a la cabeza los Alpes y principalmente Suiza. Maticemos, en los Alpes están: Suiza, Italia y Francia. Y precisamente el MontBlanc está… pues donde va a estar, en la France; aunque Italia tenga algo parte.

Mejor estaría decir que los Alpes son la Savoya. Llama la atención en Chamonix y los pueblos de alrededor ver la enseña suiza pero con la cruz blanca ocupando toda la bandera. Por lo visto reivindican su estado propio y por lo que parece ser no solamente es en España. Quizás sea la locura de saber de que como somos más ricos que el vecino ya no queremos saber nada de él: independencia.

Por donde ir. Es lo primero que hay que plantearse y aquí os voy a sacar de dudas. Las opciones son:

1. Zarza de Granadilla – Irún – Pau – Tolouse – Montpellier – Chamonix.

2. Zarza de Granadilla – Madrid – Barcelona – Montpellier – Chamonix.

Los mapas dicen que por la primera ruta hay 100 km menos, pero se paga un poco más en peajes. Por la segunda tienes que pasar Madrid y Barcelona por un lado, a parte del paso de la Junquera que creo es más complicado que el de Irún. Nosotros optamos por Irún.

En Francia no se os ocurra dejar las autopistas de peaje para meteros en carreteras nacionales, es un error. Las carreteras nacionales son como nuestras locales pero atestadas de glorietas y tráfico local. Pensar que los peajes entran dentro del presupuesto vacacional, alrededor de 100€ + 100€.

Es como todo, la distancia es larga pero merece la pena. Todo lo bueno es costoso y merece la pena.

Paramos a dormir en Montpellier, por eso de que 1600 km son muchos para un día. Fue un error porque se pierde un día. A la vuelta lo hicimos de un tirón, parando a ver Carcassonne, y aunque llegamos a las 2 horas se hizo bien.

Llegamos a Chamonix-MontBlanc gracias a los carteles anunciadores, porque todo el valle parece la misma ciudad. Pienso que llegará algún día en el que no quede hueco libre para construir. A la vista está esta primera fotografía.

Íbamos sin hotel reservado y aún siendo 15 de agosto encontramos alojamiento, un poco caro por ser la zona que es. Dos estrellas entre 80€ y 90€, que estaban bien; total para dormir solamente. Seguramente un poco más arriba o abajo de Chamonix los precios fueran más baratos?.

La primera tarde, después de buscar hotel, la dedicamos a informarnos. El primer sitio fue al telecabina que subía a l’Aiguille du Midi de más de 3842 metros de altitud. Consta de dos telecabinas a precio de 45€/persona.

Llegamos por la mañana a eso las 10 horas y había una cola enorme. Nos informaron de que teníamos una hora de cola y otra para subir, por lo que decidimos volver al día siguiente más temprano.

¿Qué hacemos?. Como habíamos comprado un mapa en el que se incluían rutas a pie, decidimos subir al primer refugio “du Plan de l’Aiguille du Midi” 2.233 metros, donde tiene la primera parada el telecabina; total estábamos en la base. De las dos rutas que hay, tomamos la de la derecha o cara del MontBlanc, de dificultad fácil.

Eso de fácil es como los que viven en Madrid: vamos a tal sitio que está al lado. Después resulta que has caminado tres kilómetros. Pues esto es igual, ruta fácil multiplícala por dos, paseo fácil por dos, ruta moderada igual a difícil. Todo multiplicado por dos.

Caminar y caminar. El exceso de pendiente se suplía con una vereda larguísima. Llegamos al refugio y veíamos parar para después continuar a la cabina que subía y subía por una horizontal pared hasta l’Aiguille du Midi. Al ver por donde subía, mi esposa aseveró: yo ahí no me subo mañana. A uno le queda el consuelo de habernos ahorrado 90€. Ya estábamos a suficiente altura y la panorámica era espectacular.

La bajada. ¡Ay la bajada! Como todas las bajadas, malas de hacer. Las piernas cargadas, el sol dando en esa pared, la comida y el agua que se terminan. Si ya comíamos frambuesas en la subida, ahora las buscábamos con ganas. Menos mal que al principio de la bajada nos atiborramos algo de arándanos, siempre bajo la sombra de una posible diarrea.

gual caso nos pasó en Pirineos. Con la cantidad de gente que transita esas rutas y la cantidad de frambuesas y demás frutos que hay. Creo que la gente de ciudad lo que tiene es eso… que solamente comen lo que les venden. Que la cosa siga así, yo no he escrito nada.

Llevaba en el recuerdo de que como a media montaña vi un mísere regato que llevaba un hilo de agua. ¡Que largo se nos hizo!. Cuando llegamos a él, llevaba tan poca agua que haber como hacía uno para beber. El ingenio de la gente de pueblo o la sed que uno llevaba, no se que fue. Rasqué el suelo e hice una pequeña balsa poco más grande que las dos manos, al final puse unas piedras con unos hierbajos y esperé a que el agua se aclarara. Ya tenía mi pozo de agua particular y esto no se le había ocurrido a nadie.

Cuando estaba casi terminando la faena bajaban cuatro escaladores con todo su equipo acuestas y con saliva seca en los labios, ¡estos si que traían sed! Más que un camello después de treinta días de travesía en el desierto. Terminamos de beber y allí les dejamos el bebedero con un par de “aurrevoire”.

Seguimos bajando a paso lento cuando al rato oímos encima de nosotros una especie trotar. Eran los cuatro escaladores que, además de bajar deprisa, les sonaban los bártulos de escalar. Al pasar a nuestro lado todos nos obsequiaron con un “merci”.

No se os ocurra hacer ninguna ruta el primer día, dedicarlo a calentar los músculos conociendo el lugar.

Después de la caminata del día anterior tocó pasear por el lugar porque los dolores musculares eran bastante fuertes.

La cima del medio, aunque aparentemente es la más baja, es la el MontBlanc. También se aprecia una lengua de glaciar, el glaciar “des Bossons” que con el tiempo desaparecerá, como lo harán todos los demás glaciares. Su retroceso es tan rápido que toma tintes de alarmantes y lo peor de todo es que no se puede hacer nada porque no es cuestión de las personas de la zona sino de toda la humanidad.

Esta foto está tomada desde la cara opuesta. En ella se aprecia mejor el MontBlanc y donde termina la lengua del glaciar “des Bossons”. 

Otra de las rutas que hicimos fue la del Lac Blanc 2.352 metros (Lago Balnco). Para ello tuvimos que tomar otra cabina, pero al norte de Chamonix, en Les Praz (1.060 m). La cabina es más llevadera que la de l’Aiguille du Midi, también porque la altura a subir es menor.

Hacer esta ruta desde abajo es una locura y se hace necesario pagar 12€ por persona. En el mapa ponía de dificultad media, ¡echarse a temblar! Y no se veía muy larga en el mapa. Por lo que respectaba a la pendiente, no parecía que tuviéramos que subir demasiado desnivel.

Comenzamos a subir y se demostró todo falso. Una ruta además de larga, escarpada, de mala huella, mucho desnivel y de llegada a un circo con un lago de agua “blanca” y cervezas a 3€. Parece que descrito así fue un horror. No, es una auténtica ruta de montaña de vistas excepcionales y el esfuerzo siempre tiene premio.

Desde aquí se aprecian con detalle como están los glaciares, en las últimas. En especial éste, el cual no es solamente la legua que se ve sino que se le junta otra que viene por la izquierda que en la foto no se ve. Lo vi en una tienda de póster y es preciosa su vista desde esa altura. Estoy hablando de que si las montañas están a 3500 metros de media, esa foto se sacó a más de 4000, cifra inalcanzable para mi volando en paramotor; o sea que me voy a quedar con las ganas.

A nosotros nos pareció un poco triste ver como estas morrenas desaparecen dejando un vacío, pero es el precio de los muchos millones de personas que somos en el planeta Tierra. Personas que ocupamos otros espacios, consumimos y transformamos la energía; y eso se paga.

En esta tienda tenían fotos con glaciares de grandes lenguas blancas serpenteantes y nosotros comprobamos que esos mismos glaciares, en el año 2009, no arrastraban ese hielo.

Carcassonne.

En la ida observamos desde la autopista una ciudad amurallada que destacaba de entre los edificios modernos, era la antigua Carcassonne que dejamos para el último día, a la vuelta.

El último día salimos de Chamonix a las 8’30 horas, llegamos a Carcassonne después de comer. La temperatura era de 34º, para los que dicen que en Francia hace menos calor que por aquí. Aparcamos y llegamos a esta entrada, que ya nos percatamos de que había gente. Pues eso no fue nada para lo que había dentro, un auténtico hormiguero. Una cuidad medieval de calles estrechas, atestadas de personas y con un calor de 34º. Pedí una granizada y observé que según salía de la máquina se iba haciendo líquida, lo que no probé fue a dejarla un rato para comprobar si se calentaba.

Una cuidad muy turística, excesivamente turística donde cada bajo de cualquier casa es una tienda de recuerdos, pastelería, bar, tiendas varias, etc. No hay espacio que no esté orientado para hacer que el turista meta mano en su cartera.

Representación medieval de una justa, de un torneo, visita en carromato, museo de tal o cual… 25€, 18€, 12€…

Estos franceses saben explotar bien lo que tienen, no como nosotros que parece que si se juntan 5000 turistas en un solo sitio ya estamos estropeando el medio ambiente y cortamos de raíz. “Mala folla”.

Más carretera y de madrugada en casa.

En general decir que es una zona cara y el mejor ejemplo son los productos que hay en un supermercado, la leche barata a 1’70€, la gasolina a 1’40€, una cerveza de 1/2 en una terraza sin pincho 7’40€, la misma pero de 1/5 4’2€, un triste café 3’5€, comer en pizzerías, pollerías, combinados y demás. Mejor os agenciáis una nevera y os lleváis la comida de casa, porque entre lo que lleváis y el poco diario que se necesita puede uno hasta volver más gordo. Seguro que vuestro bolsillo lo agradecerá y la calidad de vuestras vacaciones no se verá mermada.

Quise comprar alguna botella de vino de la zona y el “peleón” estaba a 7€. Por ese precio hay cientos vinos mejores en España, pero claro está que no puedo decir: es un vino francés.

Uno, como de “sibarita” tiene poco… pues disfruta más con los vinos de aquí a los precios de 7€ y hacemos patria como bien saben hacer los franceses.