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Categoría: Tradiciones
LOS CALVOTES EN ZARZA DE GRANADILLA 
Autor: Juan Carlos Cambero

¡Venga que se nos van terminando las tradiciones en Zarza de Granadilla!. Digo el quedarlas plasmadas en esta web, no que el día de los calvotes se deje de celebrar.

Como todo este tipo de cosas, “el día de los calvotes” va sufriendo cambios. Es lógico porque nosotros mismos vamos evolucionando.

Yo recuerdo este día, cuando uno era un mozalbete, con cierta añoranza, hoy los chicos ya no lo celebran como lo hacíamos nosotros y nosotros, quizás, distinto a la de nuestros ancestros.

Recuerdo que los días anteriores ya andábamos algo alborotados por saber donde íbamos a ir asar castañas el día 1 de noviembre. Solíamos juntarnos, en un primer momento, los amigos para posteriormente hacerlo con las amigas. Fijábamos un sitio donde ir, que no estuviera muy lejos del pueblo, porque íbamos andando. Cualquier sitio de los alrededores valía, preferentemente que tuviera alguna caseta a la vista porque por esas fechas lo normal era que lloviera.

Cada año en un paraje distinto nos comíamos el bocadillo al calor de la “lumbre” y a este calor hacíamos los calvotes. Alguien llevaba un calvotero que consistía en una lata de sardinas de un kilo a la que se la agujereaba para permitir que el calor tostara la castaña.

En esto de asar las castañas hay formas, yo conozco una de hacerlas en la misma llama, nosotros las hacemos encima de la brasa del fuego; que creo salen más ricas. Generalmente al calvotero se echaba alguna sin rajar para que explosionara, porque las castañas hay que rajarlas. Hoy con los adelantos técnicos que hay, podéis meter dos o tres sin rajar en el micro-ondas y esperar a ver lo que pasa.

Entre tanto el campo era nuestro territorio para estar y explorar.

A día de hoy el festejo ha cambiado porque lo hemos cambiado nosotros, nos hemos vuelto urbanitas y comodones. Nos llevamos sillas, como si en el campo no hubiera asientos (a patadas y mullidos) y llevamos hasta la leña, como si en el campo no la hubiera (a patadas y de todas las clases). Llevamos la ensalada, los licores, el reserva, el sacacorchos, las mesas, tenedores, cucharas...

Bocadillo, castañas, membrillo, granadas, un mechero, el calvotero y carretera y manta. Eso era lo que llevábamos antes. Ni agua para beber. ¡Y no pasaba nada!.

Hoy todos vamos a Granadilla, ya vamos tantos que hay castillos hinchables para tener a los niños enredados y que no nos den la murga. También, si vemos que tal podemos bebernos unas cervecitas en cualquiera de las barras portátiles que hay y en las que no es nada difícil ver a gente joven “pipándose” a beber “güisquises” en vez de olvidarse por un momento del mundano bar. Estas barras inundan la tranquilidad del campo con ese “chunda chunda” machacón y repetitivo que te mueve la masa gris dentro de tu cráneo y ese movimiento te hace volverte loco, como poco.

En eso se ha convertido el día de los calvotes en Zarza de Granadilla. Yo también voy, pero no llego hasta el pueblo abandonado de Granadilla, a la vez que nos mantenemos alejados también de la carretera. Un día fui a ver esa feria, por eso de saber de lo que uno habla, y no he vuelto.

¿Cómo cambia la vida? ¡Eh!. ¿Cómo cambian las tradiciones?.

Intento e intentemos conservarlas lo más puras posibles.