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En los pueblos hay historias únicas, irrepetibles en el tiempo y difíciles de averiguar sus orígenes. En Zarza de Granadilla no vamos a ser menos porque tenemos a “La Pata Galana”.
De pequeño, cuando querían meterte miedo, te decían: como no te comas eso viene el tío del saco y te lleva. A más de uno se le erizaban los pelos al oír esto de boca de tu madre, claro está, teníamos pocos años. También te amenazaban con “Poldo”, que yo no se que era peor porque a “Poldo” le veías físicamente cuando aporreaba la puerta de tu casa pidiendo algo para comer.
“La Pata Galana” era para cuando recibías la primera comunión, se te pegaba la hostia en el cielo de la boca o cuando comenzaba ablandarse y sin poder reprimirte la mordías… ¡pecado de Dios que estás en el cielo!.
Era una edad en la que tus ojos comenzaban a devorar todo lo que veían y tu imaginación llegaba a describir lo inimaginable.
“La Pata Galana”. A esa edad ¿cómo la describíamos?, ¿que forma tenía?, ¿alguien la había visto?...
Partimos de que toda la gente de Zarza de Granadilla no ha sabido de su existencia. Por increíble que parezca, conozco a una persona de 79 años que no ha oído nunca este nombre y otra de la misma edad que si; estoy casi seguro de que zarceños que hoy tienen 35 años no saben de su existencia. O puede que si, pero de lo que estoy seguro es que no han sentido pavor al oír su nombre en voz alta, como es el caso de este que escribe.
Recuerdo con 10 años de edad, en el cine nuevo (hoy Super-Dos), que era de mi tío Gervasio que en paz esté, en el gallinero viendo una película de miedo carente de calificación “3 erres” que supongo sería para todos los públicos porque con esa edad estábamos viéndola. Ese gallinero con su correspondiente pendiente formada por bancos de madera con respaldo. Ese techo del cine que se tocaba estando en la última fila compuesto de placas a las que se le veían las virutas. Ese gallinero que en su esquina derecha según mirabas a la pantalla le faltaba una de estas piezas, motivo este para que allí hubiera un negro agujero. ¡Y todos sabíamos de su falta!.
Pues durante esa proyección hubo un gracioso, ¡qué pena me da no acordarme de él!, porque en una escena de suspense grita:
- ¡Allí! En la esquina… “La Pata Galana”.
Pies y brazos para qué os quiero. Particularmente no miré al hueco negro de la esquina porque después de oír aquel grito y sentir que un tropel de caballos pateaba en suelo en busca de la salida, hice lo mismo. Correr con piernas y brazos.
¡Ay amigo! A ver quien entraba para terminar de ver la película. Yo fui uno de los que no y eso que mi abuelo Juan hacia las funciones de acomodador en el gallinero del cine.
Supongo que esa noche no fui el único en dormir totalmente tapado por las sábanas.
¿Qué forma tenía? La que cada uno según su miedo quería darle. Una cabeza a la que le brillaban los ojos, una mano delgada y de largos dedos, una pata de pollo de grandes y brillantes escamas, etc.
Saber cual era la forma de “La Pata Galana” es como querer saber cual es el origen del universo o cual es el eslabón perdido, no exagero.
Los orígenes de la leyenda puede que comiencen con un tal Ángel Galán, señor al que le gustaba el vino y de tanto que bebía tenía la lengua azul, de alta estatura y dientes gastados y amarillos; así lo describen. Este señor en uno de sus muchos estados de embriaguez arremetía con fiereza contra los muchachos que de él se reían.
Hay quien lo recuerda hoy como Ángel el de la pata galana, no se si por concordancia con Ángel Galán. Corría el año 1930.
En lo que todos los consultados coinciden es que la leyenda de “La Pata Galana” tiene su origen en el barrio de Cantarrana, por la casa del tío Isidoro “polvarera” que vivía frente a tío Venancio. Éste tenía un perro rabocho, del cual los muchachos corrían; muy bueno para cazar la jineta y el gato montés. El tío Isidoro “polvareda” aprovechaba su valía para salir por las noches de caza.
Ya en mi niñez, quien se encargaba de mantener viva la leyenda era Conrado, ilustre zarceño, que en paz esté, que sentado a su puerta haciendo albardas para las caballerías se divertía metiéndonos miedo con “La Pata Galana”.
¡Ay! Conrado, hoy no se como te las hubieras arreglado para hacer lo mismo a los niños de hoy, estos de la generación de la video-consola y teléfono móvil; los mismos que de tanta información que reciben a su corta edad parecen hombrinos en sus contestaciones.
En corrillos se comentan a veces leyendas o se quieren hacer leyendas como que en Zarza de Granadilla había un monstruo, el Vagacho. ¡No! Por mil demonios, en Zarza de Granadilla la auténtica leyenda es “La Pata Galana”.
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