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Categoría: Botas mochila y bastón
Ruta Zarza - Martinebron
Autor: Juan Carlos Cambero

 De vez en cuando el pantano de Gabriel y Galán nos permite ver alguna de sus maravillas ahogadas. En este seco año se pueden  ver parajes ocultos por sus aguas disfrutando a la vez de un excelente paseo por la arteria principal del río Alagón: su cauce.

Después del tórrido verano, nos calzamos las botas, llenamos la mochila y nos volvemos a echar a la mano el bastón para hacer una de esas rutas que solamente se pueden hacen cuando el nivel del pantano de Gabriel y Galán está bajo mínimos. Es la ruta Zarza - Matinebrón.

Decir que Martinebrón o Martihebrón era un pueblo en la falda de la Sierra de Las Batuecas que inundó el pantano en su totalidad. Sus habitantes, parece ser, fueron ubicados en el Rincón; pero no en el de Bataná.

La distancia es de unos 19 + 19 kilómetros que nosotros hemos reducido a 5 + 5 kilómetros para hacerla más llevadera. Aunque existe la posibilidad de hacer 14 kilómetros en bicicleta y el resto a pié.

Salimos de Zarza por la carretera de Granadilla, pasamos el arrollo de la Aldobara Chica o del Pizarral, el de la Aldobara Honda y el de la Tambora. Justo al pasar éste y donde la carretera vira con un ángulo de 90º para tomar dirección a Granadilla, nosotros seguimos de frente (para ahorrarnos camino) y nunca a la derecha por el cortafuegos que sube. Tenemos que pasar unos arroyos para girar a la derecha cogiendo una pista que hoy está en excelentes condiciones. Todo es bajada hasta pasar el arroyo de la Aldobareta, ese que tiene un puente con tubos.

Seguimos la pista siempre a la derecha y por las rodadas más usadas. Creo que es la 3ª salida a la izquierda; justo antes de dejar el cortafuegos hay en su medio un montículo de tierra, esa es la señal con la que me quedé y no se cuanto durará allí. Es como lo de las migas del cuento.

A partir de aquí todo es bajada hasta la casa de Diganzales, que es donde nos apeamos de los vehículos. Decir que esta casa está totalmente derruida, teniendo a su izquierda un hermoso enclave de vegetación mediterránea que nos alegra la vista después de tanto pino. Y es fácil ver algún ciervo comiendo por allí.

Desde aquí nada mas es seguir por una pista con dirección al río Alagón, para una vez en su cauce ver lo que tenía escondido el pantano. Seguimos caminado por él hacia arriba para pasar rápidamente a la provincia de Salamanca. Recomendación para los que no conocen los lugares o son propensos a perderse:llevar copia del mapa cartográfico del ejército L - Miranda del Castañar 12 - 22.

El primer y único escollo del día es salvar un profundo corte que hace el terreno; para ello decidimos abordarlo por su parte superior y evitar así alguna caída que nos chafe el día. Una bajada y un arroyuelo que lleva un hilo de agua de las últimas lluvias. Siguiendo el brillar del agua, observamos que al dejar la peña y adentrarse en el barro desaparece; enseguida nos viene a la cabeza el río Guadiana. Pero no, el poco agua discurre entre las grietas que el barro ha dejado al cuartearse por el sol del verano.

Pasada esta pequeña dificultad todo el camino se hace por la margen derecha del río Alagón. Unas revueltas más para ver al fondo Martinebrón o lo que queda de él.

Antes nos llama la atención un par de barrotes de hierro que sobresalen por encima de la pared de una casa. ¡Un lagar! Nos decimos todos. Efectivamente es un lagar con lo que queda de su prensa.

Una paradita para descansar, comer el bocadillo y ver la curiosa construcción de sus casas, aunque para aquellos tiempos y con las comunicaciones que había, los materiales sólo podían venir del entorno.

Todas las casas tienen sus muros de pizarra, pero no sacada directamente de la peña, sino del río. Solamente hay una casa con las paredes encaladas tejado de teja, ¿escuela, ayuntamiento o las dos cosas?. Hay otra derruida y de mejor conservación entre los pinos, pero ésta parece ser de nueva creación.

La altura del agua llega hasta este edificio encalado, por lo que cubre la totalidad del pueblo. Tan solo se ven dos catres y unos restos de platos rotos, eso es todo lo que dejaron esas gentes o lo que han dejado los curiosos.

En la foto de la derecha no se observa el trazado del camino que discurre por media ladera y por el que los lugareños llevaban las cargas de picón cuando venían a Zarza para venderlas. Para algunos no será muy difícil imaginarse a cinco u ocho bestias, unas detrás de otras con las cargas a cuesta para que sus dueños sacaran unas perras de la venta.